Mano despegando una etiqueta holográfica AI PC de la base abierta de una laptop, junto a sus ranuras de memoria y herramientas de reparación

"AI PC" contra la VRAM: el público ya no compra el cuento

Hay un hartazgo que se nota en cada foro y cada hilo de redes dedicado a hardware: la gente está cansada de que le vendan una laptop o un procesador como “AI PC” cuando lo que realmente necesita —memoria suficiente para que la máquina no se ahogue— sigue costando cada vez más caro.

La etiqueta “AI PC” se refiere a los equipos que traen una NPU (unidad de procesamiento neuronal, un chip aparte pensado para tareas de inteligencia artificial que antes recaían en el procesador o la placa de video) y que las marcas promocionan como el gran salto de esta generación. El problema es que buena parte de los compradores no siente ese salto en ningún lado, y sí siente el golpe en el bolsillo cuando va a ampliar memoria.


Un rechazo que no nace de la nada

No es solo ruido de internet. Dell, una de las marcas que más empujó el discurso de la “computadora con IA” el año pasado, ya dio marcha atrás en 2026: volvió a apoyarse en el nombre clásico de su línea XPS y bajó el tono de los mensajes centrados en inteligencia artificial en sus lanzamientos.

La autocrítica de Dell: Kevin Terwilliger, a cargo de producto en la compañía, lo resumió sin vueltas: la IA probablemente confunde más de lo que ayuda a entender qué gana el usuario en concreto.

La propia investigación interna de la marca mostró que casi nadie elige una laptop nueva por sus funciones de inteligencia artificial, y las reseñas coinciden en que esas funciones entretienen un rato pero rara vez resuelven un problema real de trabajo.

Mientras tanto, el otro lado del mostrador —el que sí importa para jugar, editar video o simplemente que la máquina no se trabe con quince pestañas abiertas— viene empeorando:


Por qué sube justo la memoria

Acá está la parte que conecta todo: ese encarecimiento no es casualidad ni es solo inflación general. Los grandes centros de datos que entrenan modelos de inteligencia artificial están absorbiendo una porción enorme de la producción mundial de memoria DRAM (el tipo de chip de memoria de acceso rápido que usan tanto las computadoras como los servidores), y eso empuja los precios hacia arriba para todo el mundo, consumidores incluidos.

Lo mismo pasa con la memoria GDDR (la variante diseñada específicamente para placas de video), que forma una parte cada vez más pesada del costo total de fabricar una GPU. Hay reportes que indican que AMD y Nvidia están evaluando directamente discontinuar sus placas de gama baja y media —pensadas para el comprador con presupuesto ajustado— porque ya no les resulta rentable venderlas con la memoria que necesitan al precio que el mercado masivo está dispuesto a pagar.

La paradoja: la misma ola de inversión en IA que las marcas usan como excusa para venderte una notebook con una NPU adentro es, en gran parte, la que está empujando fuera de tu alcance la memoria que en verdad necesitás para que esa máquina rinda, ya sea para jugar, para editar o para correr modelos de IA de forma local (que, dato curioso, también dependen mucho más de la VRAM disponible que de tener un chip de NPU con una etiqueta llamativa).


Lo que pide la comunidad, en criollo

El reclamo que se repite no es antitecnología ni nostalgia por el hardware viejo. Es bastante simple: bajen el gasto en campañas y etiquetas que no cambian la experiencia real de uso, y pongan esos recursos en aumentar la memoria de video de fábrica a un precio que la mayoría pueda pagar.

Nadie está pidiendo magia; está pidiendo que la potencia nativa del equipo —la que se mide en gigabytes reales de memoria y en rendimiento consistente— no quede relegada frente a una función de IA que, en la práctica, muy pocos terminan usando a diario.


Conclusión

Visto así, el caso de Dell le da la razón al reclamo más que a la estrategia de marketing que abandonó: cuando hasta el fabricante que más apostó por la etiqueta “AI PC” reconoce que el discurso no convence a nadie, queda bastante claro hacia dónde debería mirar la industria en lo que resta de 2026.